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“Me encuentro sentado sobre un murete de piedra, con los pies colgando, como los niños, mirando al horizonte de una Mar que abraza como una madre, a una ciudad tan hermosa como su propio nombre reza: Cádiz. Y me encuentro lleno y vacío a la vez, con la mirada perdida en la línea de un tiempo que ha pasado como el Levante y el Carnaval, intenso pero “volao”. 
 
Hoy, 7 de septiembre de 2018, puedo al fin cerrar la tapa gruesa de un libro gordo, el de “la Historia de la Perrera de Puerto Real”. Han pasado once años de mi vida, de nuestras vidas, desde que gracias a alguna persona valiente * que sufrió más de lo humanamente soportable, obtuvimos las pruebas que evidenciaban lo que tras los muros de aquel infame lugar estaba sucediendo y pudimos denunciarlo, y cerrarlo con nuestras propias manos; con un candado que al cerrarse hizo un “clack” que sonó a alivio, descanso y dolor irremediable. Y dio el pistoletazo de salida a una interminable carrera de obstáculos, que ha sido este proceso judicial al que hoy, con mucho silencio en la voz, y feroz algarabía en la memoria, ponemos fin.
 
Aquel día juré que haría lo indecible por conseguir que los desalmados que arrebataron las vidas a tantos miles de seres inocentes de una forma tan atroz, fuesen sentados frente a un juez para tener que rendir cuentas por ello, y fuesen declarados culpables. Once años durante los cuales, cada vez que nos referíamos a ellos, estábamos legalmente obligados a utilizar términos como “presunto maltrato” o presuntos maltratadores”. Muy señores míos de la Perrera de Puerto Real: hoy, 7 de septiembre de 2018, promulgo a voz en grito desde el campanario de la Catedral, para que se escuche en la Viña y en la Plaza de la Mina, y en la Caleta y en el Mentidero, que ustedes hoy han dejado oficialmente de ser “presuntos”; hoy son ustedes técnica y judicialmente declarados MALTRATADORES DE ANIMALES, y han sido condenados por ello a una pena de prisión.
 
A partir de ahora, cuando caminen ustedes por las calles, la gente de bien con la que se crucen podrá decir: “ahí va quien torturó y mató a miles de perrillos gaditanos inocentes”. ¡Qué poco arte…!
 
Miro al horizonte con los ojos cerrados, siento la brisa de la bahía en la cara, y al abrirlos veo un cielo azul como el azul cielo, que se ha llenado de esas nubecitas que llaman “corderillos”, y no puedo evitar que se me escape una sonrisa, porque en realidad yo sé que son “perrillos”, son todos y cada uno de los perrillos gaditanos que tuvieron que marchar antes de tiempo, que hoy bailan felices al Vals de los Vientos, y que como una comparsa de chirigotas, me dan a lo unísono las gracias por luchar por su recuerdo; era justo, y era necesario.
 
Quiero dedicar también un sentido recuerdo a alguna que otra nubecilla con forma de cara de persona, que también recorrió con nosotros parte de este viaje, y que hoy sin duda estará revolcándose de felicidad con todos los chuchetes…
 
Gracias infinitas también a todas las personas que habéis confiado en El Refugio durante todo este proceso, desde el principio, y hasta el final. Sin vuestro apoyo y cariño todo hubiese sido aún mucho más duro y complejo. 
 
Y por último, felicitar a la juez que ha condenado a una pena de prisión, a PLÁCIDO GÓMEZ MUÑOZ (propietario de la Perrera de Puerto Real), MANUELA ANDRADE (Directora de la Perrera de Puerto Real) y ESTANISLAO CUESTA (veterinario de la Perrera de Puerto Real), por MALTRATADORES DE ANIMALES. 
 
Si hoy, en algún momento del día veis que comienza a chispear, no serán gotas de lluvia sino las lágrimas de alegría de los miles de perrillos que llenaron los hermosos azules cielos de Cádiz.
 
¡Abrazos para todos, salud y muuucha Vida!
Nacho Paunero, Presidente de El Refugio.

* "...alguna persona valiente" es la veterinaria Mª Jose Maestre, sin su valor, amor incondicional y entereza hoy no estaríamos aquí. Un beso mas grande que la LUNA!!
Y EL CIELO DE CÁDIZ SE LLENÓ DE PERRILLOS
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